Y así comenzaba un día como cualquier otro, tan monótono, que hasta levantarme parecía aburrirme, lo primero que recuerdo de ese momento fue el pensamiento fugaz de como sería la muerte, que era, como era, y cuantas preguntas más que no tienen ni tendrían respuestas, que tan solo en un segundo de existir pueden cambiarte la vida, pero al minuto el cambio es tan irrelevante que ni lo recuerdas.
Así fue como empezó el día, con ese pensamiento, había algo extraño esta vez, eso debo reconocerlo, creo que era tan solo el hecho que no podía dejar de pensar en la muerte, supuse que pronto lo olvidaría, me bañe lentamente, para asegurar que mis pensamientos fueran acordes a lo que me tocaba en el día, por poco grito al darme cuenta que me faltaban tantos trabajos por entregar, creo que eran unos trece o más, lo peor fue que me di cuenta que para hoy debía de tener terminados por lo menos cinco, y tan solo llevaba uno, y a medias.
Cuando había terminado ya de bañarme y vestirme, fui a tomar desayuno como todas las mañanas, miré por la ventana y el día parecía estar mas gris de lo normal, aunque con cierto destello de alegría que era imposible no notar, pero que me dejo algo extrañado.
Tome las llaves del auto, salí y puse las llaves en la chapa y la gire lentamente, pensando en la inmortalidad del cangrejo, una vez que cerré, me dispuse a revisar, como de costumbre, que el agua estuviera cortada al igual que el gas, no quería producir otro accidente, era un terrible recuerdo, que precisamente no quería traer a mi mente, menos aun con los pensamientos tan turbios que hasta mas de un momento en el día me dieron un terrible escalofrío.
Algo raro sentí al entrar al auto, una especie de dolor que me atravesó desde la parte más baja de la espalda, hasta la punta de mi cerebro, el dolor recorrió tan lento, lento como si me enterraran una aguja lentamente en la piel, creando mas y mas dolor, aunque en realidad no se si fue impresión, fue el dolor, o todo estaba tan lento, pero mis sentidos tan alterados en ese momento, no pudieron notarlo. Cuando el dolor llegó al cerebro, todo se vio borroso, la poca visual que a mi edad me quedaba parecía haberse desparramado en una neblina muy espesa.
En ese momento esta neblina, que parecía ser como cualquier otra, tan espesa como las de invierno, como lo son naturales de mi región, empezó poco a poco a cambiar, no solo como se veía, sino también las sensaciones que me empezaron a provocar, los olores, los gritos desgarradores, y la forma que poco a poco comenzó a tomar, derrepente me di cuenta de lo que sucedía, probablemente ya era tarde, pero que se le hará, tendría que resignarme, cerrar los ojos, y esperar que la sombra tan putrefacta u oscura tomara posesión de lo poco y nada que quedaba de mi. En todo ese proceso en todas esas ideas, en todos esos intentos, jamás logre acallar los sentidos, parecía empaparme del mas exquisito dolor que habría podido sentir en todos mis años, de un momento a otro, sorprendiéndome, todo brillaba en una luz, igual al brillo de la mañana que se trataba de esconder en el gris cielo, una voz tan dulce como la de una musa me habló, en un idioma tan extraño, si se puede llamar idioma, que no pude entender nada, y como un apagón que no podría explicar, todo volvió al momento en que pensé como seria la muerte. Sentado en la cama, me tome la cara, estaba totalmente fuera de mi, de mi habitual yo, de aquel monótono y rutinario aburrimiento, ya vuelto mi entorno natural.
Me bañe para limpiar los pensamientos que no querían irse, tanto me perturbaron las imágenes que no podía entender que había pasado, y haciendo caso omiso a mis imágenes, me dispuse a tomar las llaves de mi auto, ya bañado y vestido como correspondía para mi trabajo, pero el hecho de mirar por la ventana otra vez, o eso me parecía que había hecho anteriormente, me indico algo que jamás pensé, me advertí, me sentí incapaz de conducir, y me dispuse a caminar hasta el trabajo como normalmente no hacia, al ir en la mitad del camino, un auto perdió el control, se venia sobre mi, y todo corrió tan lentamente, que pude ver en el conductor algo que me horrorizó, era yo, no lo podía creer, pero mas me valía hacerlo, en especial en el momento en que el auto me atravesó, no podía imaginarlo, estaba muerto, era invisible, transparente, podían atravesarme, y derrepente, todo volvió a apagarse, y aparecí en mi cama.
Aun peor, incluso más que con la ultima visión mi perturbación me supero, no lo soporté y me lancé desde el edificio, desde el piso numero quince, cuando estuve a punto de estrellarme todo volvió a ponerse negro y aquí he vuelto a aparecer, llevo días enteros, no puedo arrancar de esta pesadilla, y aquí me encuentro en este escritorio escribiendo, soñando o mas bien esperando que en la realidad alguien pueda leerme y socorrerme, tan solo quiero ser libre.
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